A 70 años: NO PASARÁN



ESPAÑA


No hagas caso de lamentos
ni de falsas emociones.
Las mejores devociones
son los grandes pensamientos.
Y puesto que, por momentos,
el mal que te hirió se agrava,
resurge indómita y brava.
Y antes de hundirte cobarde,
estalla en pedazos y arde.
Primero muerta que esclava.

Federico García Lorca

Hace 70 años, el 18 de Julio de 1936, el General Franco se alzó contra la joven República Española que había sido consagrada por las urnas en 1931. No fue una guerra más. De algún modo fue la más terrible y sangrienta, pues sumió a una Nación en una vorágine de sangre, muerte y destrucción contra sí misma durante tres años de odio que segaron casi un millón de vidas en una lucha fratricida. Fue la primera en la que se bombardeó intencionalmente por aire a una población civil, masacrando en 1937 al pueblo vasco de Guernica. Fue también quizás la que cristalizó de un modo más elocuente el enfrentamiento que atravesaría todo el siglo XX. El de las fuerzas del progreso encarnadas en las organizaciones obreras y campesinas, y en los sectores democráticos de la burguesía, contra la brutal reacción de las fuerzas de la oscuridad que veían amenazados sus eternos privilegios. Polarizó al mundo durante tres años y despertó pasiones a ambos lados del Atlántico. Generó la interesada solidaridad criminal de Hitler y Mussolini para con Franco, y el generoso y altruista sacrificio de miles y miles de voluntarios combatientes que, desde todos los rincones de la Tierra acudieron a defender a la República a través de las Brigadas Internacionales. Combatieron y murieron por una patria que no era suya. Lo hicieron por algo mucho más profundo y universal. Por aquello que nos une a todos los hombres y mujeres por nuestra sola condición de tales. Por las viejas ideas de libertad, igualdad y fraternidad. Nada más, nada menos.

Por G.S.





Setenta años pasaron de aquél día en que España sufrió una de sus más atroces derrotas. Hace setenta años comenzaba la guerra civil y se abría un largo período de odio, criminalidad y rencor. Si bien aquel conflicto abarcó tres años, sus consecuencias tiñeron de negro casi medio siglo en la península ibérica.
En 1939, al ganar la contienda los autodenominados "nacionales", España iniciaría un trágico proceso de deshumanización... La República había sido disuelta. Sin embargo con ella no sólo se iba una forma de gobierno sino, más bien, un ideal de vida. Desaparecerían, por mucho tiempo, la igualdad, la fraternidad, la solidaridad y el respeto, pilares fundamentales de los republicanos. Por el contrario, resurgiría el odio, las persecuciones y las matanzas, bases primordiales del franquismo.
Miles y miles sucumbieron bajo las balas "nacionales" solamente por pensar distinto. Además, cabe expresar que si bien no llegaron a ser fusilados –en la mayoría de los casos-, una enorme cantidad de educadores fueron expulsados de sus cargos por defender la República y la Igualdad, por pretender una patria solidaria, algo que Franco nunca permitiría. Muchos, del mismo modo, fueron encarcelados durante años únicamente por el hecho de ser sospechosos de poseer una visión antagónica a la del régimen.
Asimismo, otro rasgo de la dictadura franquista fue el inexistente respeto por las autonomías regionales. Es menester recordar, recortadamente, que España está compuesta por distintos pueblos, que poseen culturas disímiles. Franco, prueba de su profundo odio y pensamiento retrógrado, intentó erradicar aquellas culturas en orden de unificar, totalitariamente, al país. Esto es claro de observar en el plano de los idiomas, en donde intentó imponer, arbitrariamente, el castellano en la totalidad del Estado, prohibiendo otras lenguas como por ejemplo el vasco, el catalán y el gallego. Por el contrario, hoy en día, el Gobierno español está trabajando con gran brío para fortalecer, aunque con ciertas reservas, las autonomías; muestra cristalina de esto es la reciente aprobación del estatuto catalán.
En definitiva, y entrelazando lo último dicho, puede observarse la divergencia entre la España de Franco y la actual. Hoy, el respeto, la solidaridad y la igualdad vuelven, lentamente, a amenazar a la injusticia, convirtiéndose en realidad. Las brutalidades y diferencias de clase, frenéticamente aplaudidas por el franquismo, comienzan, gradualmente, a desaparecer... España sonríe una vez más en su rica y fantástica historia.

Por Matías Armano